jueves, 11 de enero de 2024

Sombra de amor latente

 



























Dos baladas
de fuego diestro
llora en lágrima helada
mi  gratitud,
antes que ausencia
anuble cual ceniza
opacando su breve luz de llama
lanzo mi embate
que germinar mi pecho puede,
sé bien cierto
fuiste ilusión plañidera
de eje, curva, y acero ruginoso,
aguas de evidente sinfonía,
que se hacía cauce,
celda, decoro, arroyuelo,
sinestesía  y dulzura de angustia,
huella un panal,
la flor de tela y carne pudorosa,
miel de Ambrosía,
y oro noble la virgen inviolada,
páramo en mano junta pareja,
última lágrima que puede primera,
de quien fue de ti
más que amor físico,
alguien vendrá a abrir
Ebúrnea puerta del sueño,
evidente fue el trino,
el pájaro, el canto, 
del espejo un retrato,
iba por sendero,
del trigal, 
bajando la almazara celeste,
de canción ataba la nube,
de espadañas iba mi erial,
de blanca torre
y ningún mal,
llueve mi alma,
nadie sabe,
de ausencia habitada
se duele,
y toda mundanal zozobra 
acompaña.
Llueve granate mi sangre,
se riegan mis senderos,
llenas mis venas
fluyen entre barrancos sin agua,
soledad
¿Qué pena me quieres?
Que ahondas los patios de mi cuarto,
recuerdos no te tengo,
qué pena me acuchillas,
yo sin voz te trato,
fiereza de serio desaliño,
suspirarte pueda
entre corona y candelabro,
tu silencio ya no vuela
es tu figura ensoñada
en mi lecho que acecharme quiere,
esta sábana muerta
si no tuviera mi forma,
viva estaría,
oh flor de flores,
miel de señora reina,
colmena tu celda me traes asida,
aletarga esta mi verdadera vida,
sí se puede vivir lo que se sueña,
por algo sigo en el frente tu sien.
De paraíso, amor y lejana luz.



Miguel Esteban Martínez García

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