viernes, 11 de octubre de 2024

Pájaro de metal





 




I

Ustedes visteis la otrora luz

del “Inocente” marcado.

Entre flores y noche otoñada

recogía insomnes trinos

de estrellas desvencijadas.


Hoy cuelga sus luciérnagas

en la cueva abisal de su mente,

cristalinos trinos de fulgor

perenne, tras la saliva montañosa,

oh, candor de noche efímera,

virginea, de amor puro,

tierra en luna

y hogueras capaces,

de repentina sien,

y mirada rápida,

de luz vieja,

entre céfiros vetustos;

sin apariencia ni dolor mudo.



II

De postrer regazo,

su purísimo hielo,

de metal postrado

a las fauces,

entre cimas

y valles desangelados,

que calma baila

sigilosa,

de otra aurora eternal,

y sola hoja, flameando,

un viento de todos y ninguno,

de música encima las nubes,

ríos y copas azules,

amor de quieto éxtasis

y luna de ferviente tajo,

oh, mágico ventisquero

encima un blindado

contaba huecos en ausencia

de la pelusa.



III

Arrepentimiento abría

la tierra, de mágica, ignorada

melancolía niña,

oh asido del destino,

traslúcido, de eje y tersura,

enhechizado de inevitable

sortilegio, y rayo frío,

celestial, era este

un suspiro sideral,

guerra tierna vuelta

oscura espada solar,

palabras estremecidas

por cenizas grises

álamos,

ferviente colorea mi lux,

adivina mi forma,

en silencioso verbo

perenne como hoja de ciprés

su enhiesta sombra.


El Inocente 


Miguel Esteban Martínez García



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