Treinta y cuatro flores
enraizan de mí,
herida sin doler
carne de ti y de mí,
treinta y cuatro
borbotones de más,
espirales cual espinas
azules de amor sereno,
cuándo sé que no me querrás saber,
saeta me clava
un valor inmortal,
no vale nada dicho,
si nada lleva a la acción,
pura de abrazarte sin fin,
y es verdad profunda
me guía sin manual,
ni palabra caduca,
alto sueño dorando mi luz
a mitad de día.
Si esta muerte acecha mi alma,
se hace fuerte sólo la entregaré flores;
canto a la vida,
presa de dicha y lozanía,
hermana mía,
imperiosa, o azur mi primavera,
sentí el milagro trastornado
en mi mano izquierda,
de mi encendida sien,
luz de llama,
que crepitó
luz en eternidad de razón pura,
amor en vestido
de pálida gloria
prendida de música rota,
hojas y sus manos redondas
van pasando.
Término y contorno,
que claridad siempre vence,
su corazón tan risueño,
de tallo en mimbre
almibarado,
sentencia de latidos
en claro oscuro virginal,
muere eco de amor ambigüo,
nostalgia es infantil Quimera,
súplica de amor eterno,
su eco oscuro,
rebelde cisne me alcanza,
de mar propicio,
y corazón humano,
de sueños propicios, predilectos.
El Inocente
No hay comentarios:
Publicar un comentario